Comiendo fuera de casa: Masala Natural

La semana pasada mis padres me invitaron a comer en Masala Natural, en Burgos, un local de venta de productos ecológicos, talleres y degustación que, al mismo tiempo, funciona como pequeño restaurante (a penas tiene 2 ó 3 mesas en el mismo local, con sólo 2 de ellas vagamente separadas de la tienda en sí por un biombo que, además, tienen vista a la cocina) y en el que suelen comprar bastante últimamente. Alimentos ecológicos, ya sabéis, no quiere decir que sean sólo vegetales, pero es cierto que la mayor parte de la carta del restaurante tiene productos que uno podría encontrar en un vegetariano.

La experiencia, al final, creo que fue bastante satisfactoria y, parece, sana, así que todos salimos ganando. Voy a comentar brevemente en lo que consistió mi comida:

1º- Risotto de shiitake. Personalmente estoy un poco harto de ir a restaurantes, pedir un risotto y que te pongan un arroz sin más, aunque en este caso, sí que lo era. Estaba bueno, con textura agradable, pero le faltaba sabor y al final me resultó algo insípido, aunque no lo suficiente como para que la falta de sabor fuera lo mismo que la presencia de uno malo. Decente, sin más y, para mí, que pequeño no soy, algo escaso, pero bueno, aceptable, especialmente porque las setas no están mal tratadas.

2º- Lasaña de lombarda y cebolla caramelizada. Normalmente, cuando voy a un restaurante con gente y se come a la carta, me gusta pedir cosas diferentes a las de los demás, para poder probar un poco de todo… y como lo que yo quería pedir ya lo habían pedido, pues me quedé con esta lasaña para no repetir con el shiitake. Personalmente, no soy un gran fan de la lombarda, parte por el sabor y parte porque ese color morado siempre me ha dado mal rollo, pero el plato fue un éxito, muy sabroso y agradable de comer. La verdad es que no me lo esperaba. La lasaña venía acompañada con una alcachofa (ingrediente del que, una vez más, no soy fan, pero estaba buena), unas berenjenas confitadas (que de primeras me sorprendieron por estar frías, pero funcionaban) y una pasta de ajo que no estoy muy seguro de con qué estaba hecha, pero quedaba bien con los sabores de lo demás, así que, sin pegas.

3º- Brownie de chocolate y remolacha. Tengo que admitir que no capté la remolacha por ninguna parte. No dudo de que estuviera, pero yo no la noté, o por lo menos en cuanto a sabor, porque el chocolate la tapaba por completo pero, vaya, como brownie, simplemente estaba delicioso, así que si la remolacha sólo aportaba a nivel de textura, para mí no había ningún problema.

Además, probé las tartas de puerro y de pollo y manzana y estaban bastante buenas (eso sí, el segundo venía acompañado, entre otras cosas, con unas cebollas marinadas en especias, entre ellas jengibre, y el sabor era muy fuerte), además de la tarta de crema de limón y pera que, tengo que reconocer, me alegré de no pedir (era mi primera opción), porque no me convenció demasiado. Si no probé más primeros es porque todos pedimos el risotto y, la verdad, podía haber pedido otra cosa, pero las alternativas no sonaban demasiado bien.

La comida estaba acompañada por vino ecológico que, sin ser una maravilla, acompañaba perfectamente, agua y pan ecológico del que venden en la tienda, pan que suelo encontrar ligeramente más ácido de lo que me gustaría y que, en su versión con cebolla y bien tostado, es un gran acompañamiento o base para el desayuno. El servicio no fue demasiado rápido, pero el ambiente es muy agradable y familiar, así que tampoco sufrí demasiado.

En resumen, la experiencia fue interesante, agradable y creo que, en el futuro volveré por allí a probar alguna otra cosa, porque no sueles hacerte la mayoría de los platos que sirven en casa o, por lo menos, comparé para llevar algunas de sus tartas y lasañas, que no sólo se pueden comer en el propio local y son más que curiosas. Le doy, 4 Frys sospechantes sobre 5.

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